Ph. D. Richard Solórzano
La crisis del arroz en Perú no es un accidente, sino el resultado previsible de una dependencia estructural que nadie quiso anticipar. Hace apenas unos días, el gobierno anunció un desembolso de 170 millones de soles para adquirir arroz destinado a programas sociales y limpiar canales de riego mediante núcleos ejecutores. Una intervención necesaria, sin duda, para aliviar la presión inmediata sobre los productores. Pero aborda las consecuencias, no las causas.
Mientras tanto, la evidencia científica acumulada en los últimos seis años — al menos 36 estudios publicados en revistas indexadas de 14 países diferentes— señala una ruta alternativa que el Perú aún no ha transitado: el uso de biofertilizantes para producir más arroz con menos agua, menos fertilizantes importados y menor impacto ambiental.
El problema de fondo: un cultivo estratégico en jaque

El Perú produce aproximadamente 3.2 millones de toneladas de arroz cáscara al año, involucrando a más de 100,000 productores en regiones como San Martín, Piura, Lambayeque, La Libertad y Cajamarca. La crisis internacional de fertilizantes ha disparado los costos de producción: entre 2022 y 2026, el precio de los fertilizantes importados se incrementó en más del 300%, representando actualmente entre el 25% y el 35% del costo total por hectárea. Para un pequeño agricultor, cada campaña es una apuesta contra un mercado que no controla.
El arroz no es un cultivo cualquiera. Es el principal componente de la canasta básica familiar peruana. Su desabastecimiento o encarecimiento golpea con mayor dureza a los sectores más vulnerables. Por eso, cuando el gobierno destina 170 millones de soles a comprar arroz y limpiar canales, está atendiendo una emergencia. Pero la agricultura familiar requiere algo más que parches: necesita tecnologías sostenibles que rompan la dependencia estructural de insumos externos.
Lo que dice la ciencia: al menos 36 estudios, 14 países, una conclusión
Hemos recopilado y analizado 36 artículos científicos publicados entre 2020 y 2026 en revistas indexadas, provenientes de China, India, Perú, Vietnam, Pakistán, Bangladesh, Colombia, Cuba, Indonesia, Malasia, Irán, Senegal, Sudáfrica y Suecia. La conclusión es contundente: los biofertilizantes funcionan en una amplia variedad de condiciones de suelo, clima y sistemas de cultivo.
- Se puede reducir hasta un 50% el fertilizante nitrogenado sin perder rendimiento
El hallazgo más relevante para la coyuntura peruana es que varios estudios han demostrado que es posible reducir significativamente la dosis de fertilizante nitrogenado manteniendo —e incluso incrementando— el rendimiento.
Un estudio de campo en India demostró que la aplicación de Pseudomonas lini GHM32 con el 50% de la dosis recomendada de nitrógeno (a través de urea recubierta con neem) produjo rendimientos estadísticamente equivalentes al 100% de la dosis. Los índices de eficiencia de uso de nitrógeno también fueron equivalentes, lo que indica que la bacteria estuvo supliendo la mitad del nitrógeno que normalmente se aplica como fertilizante sintético.
En la misma línea, un estudio en suelos sulfatados ácidos de Vietnam demostró que la aplicación de bacterias púrpura no sulfurosas (Rhodopseudomonas palustris y R. pentothenatexigens) permitió reducir en un 25% el nitrógeno, un 50% el fósforo y un 50% el potasio, logrando además un incremento del 9.15% en el rendimiento. La misma tecnología redujo la absorción de aluminio tóxico en un 48.5%, el manganeso en un 25.4% y el hierro en un 43.8%, mostrando que los biofertilizantes no solo aportan nutrientes sino que también protegen a la planta de elementos tóxicos presentes en suelos problemáticos.
Un metaanálisis de estos hallazgos sugiere que, en promedio, la reducción de fertilizante nitrogenado puede alcanzar el 25-50% sin sacrificar rendimiento, siempre que se utilicen cepas de alta eficiencia y se apliquen en consorcio.

- El ahorro de agua es real y está documentado
La escasez de agua es otro de los grandes desafíos del arroz peruano. Dos estudios aportan evidencia sólida sobre ahorro hídrico.
El primero, publicado en Science of Nature en 2025, demostró que la cepa Bacillus velezensis NRC13, aislada de suelos áridos y semiáridos de Pakistán, mejoró significativamente la germinación, los niveles de clorofila, el estado hídrico de la planta y la estabilidad de membrana en arroz de siembra directa (sistema que por sí mismo ahorra agua) bajo condiciones de estrés hídrico severo (60% de capacidad de campo). El rendimiento de grano y el peso de 1000 granos también se incrementaron.
El segundo, realizado en China, evaluó un sistema de riego combinado con agua reutilizada (50 días) y agua dulce (hasta cosecha) para ahorrar agua dulce y reducir la acumulación de sales. La inoculación con Bacillus subtilis y Saccharomyces cerevisiae no solo mitigó los efectos negativos del agua reutilizada, sino que incrementó la altura de planta, el peso seco de raíz, tallo y panícula, el peso de 1000 granos y la capacidad de absorción de nutrientes, al tiempo que redujo significativamente la conductividad eléctrica del suelo y aumentó su pH.
- La salinidad tiene solución biológica
La costa norte peruana —Lambayeque, Piura, La Libertad— enfrenta problemas crecientes de salinización de sus valles arroceros. La evidencia científica muestra múltiples alternativas.
El estudio peruano más relevante al respecto fue publicado en 2026 por investigadores del INIA en la revista Acta Agriculturae Scandinavica. Evaluaron el consorcio de Bacillus subtilis y Pseudomonas putida en la variedad peruana INIA 515 ‘Capoteña’ bajo salinidad moderada (4.75 dS/m). Ambas cepas mostraron crecimiento hasta en 10% de NaCl. El consorcio de ambas presentó las mejores tendencias en número de panículas, biomasa aérea, biomasa total, peso de grano e índice SPAD de clorofila. A nivel del suelo, el consorcio incrementó el pH (de 7.40 a 7.64) y promovió la movilización sinérgica de potasio, magnesio y sodio.
Pero hay más. Un estudio publicado en 2025 en el Journal of Crop Health demostró que Priestia megaterium KUSP06 tolera hasta un 15% de NaCl. En condiciones de 1% de salinidad en suelo, esta bacteria incrementó el peso fresco de raíz en 60%, el peso fresco total de la planta en 120%, la altura en 27.5%, la longitud de raíz en 50% y la clorofila total en 55.25%, al tiempo que redujo el estrés oxidativo (prolina -50.19%) y aumentó las enzimas antioxidantes (catalasa +44.28%, ascorbato peroxidasa +60.71%).
Otro estudio, publicado en Plant Science Today en 2024, mostró que Bacillus cereus DB2, inoculado en dos genotipos de arroz (Chinsurah Nona I y Badshabhog), redujo el contenido de sodio en raíz en un 44.6% y un 24.5% respectivamente, y disminuyó la fuga electrolítica (daño celular) bajo estrés salino.
- Los hongos también son aliados: Trichoderma, Aspergillus, levaduras
Una revisión publicada en 2024 en el Journal of Agriculture and Food Research documentó los múltiples roles del género Trichoderma en el manejo de enfermedades del arroz. Estos hongos endófitos actúan mediante mecanismos directos (micoparasitismo, antibiosis, competencia) e indirectos (inducción de resistencia sistémica), y son efectivos contra Rhizoctonia solani (añublo de la vaina), Magnaporthe oryzae (pyricularia), Fusarium spp. (bakanae) y Xanthomonas oryzae (añublo bacteriano).
Un estudio específico publicado en el New Zealand Journal of Botany (2025) demostró que Trichoderma virens aplicado con la mitad de la dosis recomendada de fertilizante mantuvo el crecimiento del arroz, y cuando se aplicó con la dosis completa más el hongo, la altura alcanzó 37.34 cm frente a 28.89 cm del control.
En la misma línea, un estudio en el Journal of Experimental Biology and Agricultural Sciences (2025) reportó que Trichoderma harzianum logró una germinación del 98.33% en arroz, mientras que Aspergillus niger produjo el mayor incremento de biomasa. Ambas especies mostraron tolerancia a salinidad y metales pesados.
Las levaduras también aparecen como una opción prometedora. Debaryomyces hansenii, evaluada en suelos calcáreos (alto pH, baja disponibilidad de micronutrientes), incrementó el índice SPAD de clorofila, la altura, el rendimiento de grano y las concentraciones foliares de hierro, zinc y manganeso. A nivel molecular, activó genes de fosfatasa ácida (OsPAP3, OsPAP9) y un transportador de fosfato (OsPTH1;6), demostrando que no solo aporta nutrientes sino que regula la expresión genética de la planta.
- El silicio: el gran olvidado que los biofertilizantes pueden movilizar
El silicio es un elemento benéfico para el arroz, asociado con mayor resistencia a estrés, paredes celulares más fuertes y tolerancia a salinidad y sequía. Un estudio publicado en Chemical and Biological Technologies in Agriculture (2024) aisló bacterias de suelos forestales capaces de solubilizar simultáneamente fósforo, potasio y silicio (PKSi). Los géneros identificados incluyeron Burkholderia, Paraburkholderia, Collimonas, Pseudomonas y Agrobacterium. Estas bacterias incrementaron la disponibilidad de P y Si en el suelo y su acumulación en la planta, mejorando el peso seco y la relación raíz: parte aérea, sin reducir el pH del suelo (a diferencia de los fertilizantes químicos).
Un estudio chino de 2020 complementa esta evidencia: Bacillus mucilaginosus (bacteria que disuelve K y Si) y Aspergillus niger (hongo que solubiliza P) aplicados en co-inoculación produjeron un incremento del rendimiento de entre 2.62% y 21.20%, con un máximo de 10,736 kg/ha. Los autores documentaron explícitamente la sinergia: el efecto combinado fue mayor que la suma de los efectos individuales.
- La co-inoculación y los consorcios funcionan mejor que las cepas individuales
Uno de los hallazgos más consistentes de la literatura revisada es que la co-inoculación de múltiples microorganismos supera sistemáticamente a la inoculación con una sola cepa.
Un estudio canadiense publicado en 2025 en el Canadian Journal of Soil Science evaluó diferentes combinaciones de Stenotrophomonas maltophilia, Bacillus pumilus y Paenibacillus pabuli en arroz de secano con dosis de fósforo del 25%, 50% y 100% de la recomendada. La conclusión fue clara: los tratamientos de co-inoculación superaron consistentemente a las inoculaciones individuales en número de macollos, altura, volumen y peso de raíz, peso de parte aérea, número de granos llenos y peso de grano. La variabilidad en la respuesta a inoculaciones individuales sugiere que su desempeño es inconsistente, mientras que la co-inoculación ofrece beneficios confiables.
Un estudio indio de 2023 evaluó el consorcio MC1 (dos cepas de Bacillus sp. aisladas de suelos kársticos) en condiciones de campo. La inoculación incrementó el rendimiento en 8.52%, aumentó el fósforo disponible y el magnesio intercambiable en la rizósfera, y mejoró la abundancia de rizobacterias benéficas y la diversidad de comunidades microbianas del suelo. La cepa GS1 destacó por su producción de ureasa (12.18% superior al control), una enzima clave en el ciclo del nitrógeno.
¿Qué está haciendo Perú al respecto? Tecnologías propias disponibles
Lo que hace particularmente relevante este debate en el Perú es que no partimos de cero. En instituciones gubernamentales y en universidades peruanas se ha desarrollado y validado tecnologías de biofertilizantes con estándares científicos rigurosos.
Un estudio peruano adicional, publicado en 2023 en la revista Plants, aisló cepas endófitas de arroz en San Martín: Bacillus siamensis TUR07-02b (que produce 335.65 μg/mL de IAA, una de las concentraciones más altas reportadas) y Priestia megaterium SMBH14-02. La co-inoculación de ambas cepas con el 75% de la dosis de nitrógeno mineral produjo incrementos del 25% en longitud de panícula, 30.7% en granos por panícula, 39.5% en rendimiento de grano y 12.5% en índice de cosecha, en comparación con el tratamiento con 75% de N sin inocular. Estas cepas fueron aisladas en el Perú y validadas en condiciones peruanas.
El más reciente estudio del INIA (2026), ya mencionado, evaluó el consorcio de Bacillus subtilis y Pseudomonas putida en la variedad INIA 515 ‘Capoteña’ bajo salinidad moderada, reportando tendencias consistentemente positivas en parámetros de rendimiento y calidad.
¿Qué falta para que esto sea realidad a gran escala?
Si la evidencia científica es tan sólida y las tecnologías ya existen al menos de manera incipiente en el Perú, ¿por qué no se están utilizando masivamente?
La producción de biofertilizantes requiere plantas de producción comunitaria, tanques de fermentación, hornos pirolíticos y equipos de control de calidad. Actualmente, la capacidad instalada es prácticamente nula en las zonas arroceras. Aunque existe oferta del mercado nacional de empresas que producen productos similares.
La transición de un modelo de fertilización química a uno mixto con bioinsumos no es automática. Requiere que los agricultores aprendan a producir y aplicar estos productos en los momentos fenológicos adecuados.

Hacia una estrategia nacional de biofertilización para el arroz
Los 170 millones de soles destinados a la compra de arroz y limpieza de canales resuelven problemas inmediatos, pero no abordan la causa estructural de la crisis. Sin una apuesta decidida por tecnologías sostenibles de fertilización, el próximo incremento en los precios internacionales de fertilizantes volverá a colocar al sector arrocero en una situación crítica.
La evidencia científica revisada —36 estudios de 14 países, incluyendo múltiples validaciones en el Perú por el INIA— demuestra que los biofertilizantes pueden:
- Reducir el uso de fertilizantes nitrogenados entre un 25% y un 50% sin pérdida de rendimiento, y en muchos casos con incrementos significativos (hasta +39.5% en condiciones peruanas).
- Generar ahorros de agua documentados en condiciones de sequía y sistemas de riego restringido.
- Mitigar la salinidad del suelo, un problema creciente en la costa norte peruana, mediante mecanismos de exclusión de sodio, producción de osmolitos y activación de enzimas antioxidantes.
- Movilizar nutrientes clave como fósforo, potasio y silicio desde formas no disponibles en el suelo.
- Controlar enfermedades fúngicas y bacterianas (añublo de la vaina, pudrición del tallo, añublo bacteriano, bakanae) mediante mecanismos directos e inducción de resistencia sistémica.
- Mejorar la calidad nutricional del grano, incrementando el contenido de zinc y hierro (biofortificación).
Producir más arroz con menos agua, menos fertilizantes importados y menor impacto ambiental no es una utopía. Es una posibilidad real. Lo que falta no es ciencia ni tecnología, sino la voluntad política y capacitación para el productor para escalar estas soluciones a nivel nacional.
La pregunta, entonces, no es si los biofertilizantes funcionan —la evidencia demuestra que sí—, sino cuánto tiempo más estaremos dispuestos a seguir destinando recursos a paliativos mientras la solución sostenible está disponible y espera ser implementada. Las cepas se encuentran en el mercado si el estado no está en capacidad de dinamizar su producción y uso y responden a tres géneros que ya se usan y comercializan en agricultura de agroexportación: Bacillus, Pseudomonas y Trichoderma.
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Nuestro aporte desde el campo
Desde Raúl Yaipén Lab entendemos que la sostenibilidad del arroz no se construye solo desde la teoría, sino también acompañando directamente a los productores en campo. Por eso venimos trabajando con agricultores de la zona norte del Perú, acercando soluciones biológicas diseñadas para mejorar la salud del suelo, aprovechar mejor los residuos de cosecha y preparar el terreno para campañas más eficientes.
Uno de estos aportes es LSR – Life Soil Rice, un consorcio microbiológico desarrollado para el cultivo de arroz, formulado para aplicarse después de la cosecha, cuando el suelo aún conserva humedad residual. Su objetivo es acelerar la descomposición de rastrojos, favorecer el reciclaje de nutrientes y estimular la fertilidad biológica del suelo para la siguiente campaña.
Creemos que el futuro del arroz peruano no depende únicamente de aplicar más fertilizante, sino de recuperar la funcionalidad del suelo, reducir la dependencia de insumos externos y brindar al productor herramientas más sostenibles, accesibles y técnicamente respaldadas.
Nuestro compromiso es seguir llevando biotecnología agrícola a las zonas productoras, acompañando a los agricultores que hoy buscan producir mejor, cuidar su suelo y enfrentar los nuevos desafíos del cultivo de arroz con soluciones reales.


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